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Ex libris

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Ali poeta

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Cassius Marcellus Clay, Jr., Cassius Clay, Muhammad Ali, tres nombres para un gran hombre. Se negó a combatir en Vietnam, fue el mejor boxeador de la historia, dos veces campeón mundial de los pesos pesados, y luchador incansable contra el racismo. Protagonizó su propia película, rodada en 1977. Años después, en 2001, Will Smith interpretó Ali y recreó su vida. Aunque el mejor trabajo cinematográfico sobre Muhammad quizá sea el documental When We Were Kings (1974), que trata sobre su épica pelea contra George Foreman en Zaire.
Muhammad Ali también es recordado por su discurso en Harvard dirigido a los estudiantes del último curso. Instó a los jóvenes a utilizar lo aprendido para mejorar el mundo, ya que tenían la oportunidad que él nunca había tenido. Al finalizar el discurso, le pidieron: ¡Queremos un poema! Y Muhammad Ali, que sufría dislexia y tenía dificultad con las palabras largas, improviso un poema tan breve como contundente: Me, We. Yo, nosotros.

Feria del Libro de Madrid 2017

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Este domingo finaliza la feria del Libro de Madrid y la edición número 76 ha sido un éxito rotundo, una recuperación impensada. Las ventas se han incrementado en un 8 % respecto al año anterior, esto supone un monto de 8,8 millones de euros más, según datos provisionales de la organización.
La feria aporta datos que corroboran las tendencias del CIS. Las mujeres leen más que los hombres, en una proporción de 66 a 34. La franja de edades comprendidas entre los 24 y 50 años es la más lectora.
La otra cara de la moneda apena. Dos de cada tres españoles no lee nunca un libro nunca, tampoco le interesa, revela el CIS. Por eso el aumento notable de ventas sorprende y estimula. Alegra saber que la literatura se ha puesto de actualidad, que, durante tres semanas y bajo los árboles del retiro, los libros han sido protagonistas.

El tango de Doroteo

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Abres el bandoneón y se despliega la magia. Conocemos a Doroteo, un joven que vive entre montañas nevadas y caballos, en plena naturaleza. No se le dan bien los libros, por eso decide ser campesino y ganadero. Un día se le rompe el arado, y esa ruptura supondrá un cambio importante en su vida. Recoge sus pertenencias y se va a correr mundo. Lo que más le duele es dejar a su amor, a Rosita, a esa muchacha que tiene una preciosa voz y que cuando silba, convoca a los pájaros.
Doroteo se embarca en el puerto de Barcelona rumbo al Nuevo Mundo, con destino a un futuro nuevo, que puede aguardarle en Buenos Aires. Durante la travesía se queda prendado de las melodías que interpreta un grupo de músicos: habaneras, tangos, boleros, pasodobles… animan las largas horas en el mar. El director del grupo advierte su entusiasmo por la música y se ofrece para enseñarle a tocar el bandoneón. Días de ensayo consiguen que el bandoneón de Doroteo empiece a sonar bien e incluso acompaña a los músicos. Antes…

Soledad

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La soledad es una sensación extraña, es la ausencia de gente a tu alrededor, es la presencia del otro yo, que a veces toma distancia, se aleja o te invade. La soledad es serenidad o es la guerra contra los fantasmas que nos habitan. Es volver a ese escenario vacío donde todo empezó y en el que caerá el telón.

Libros y cuchillos

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La penúltima tendencia en moda para el hogar: usar libros para mantener ordenados los cuchillos de cocina.

Véra Nabokov

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Véra Nabokov fue la mecanógrafa, la secretaria, el chófer, la editora y la lectora de Vladimir, a quien  dedicó 52 años de su vida.
Vladimir Nabokov acudía a clase en la Universidad de Cornell acompañado por una mujer de cabello blanco que conducía un Oldsmobile. Ella le daba el brazo, le acompañaba al aula y se sentaba en las primeras filas de la clase o en el estrado, era su «asistente». Corregía exámenes por él, le sustituía en clase, buscaba la página exacta de la obra de la que estaba hablando e incluso remarcaba sus palabras en la pizarra.
Véra era una mujer de inteligencia sobresaliente: licenciada en lenguas modernas por la Sorbona y muy culta, abandonó su carrera para apoyar la de su marido. Ella pulió y mejoró la obra de Vladimir, negoció sus contratos editoriales, corrigió sus cuentos en alemán y su poesía en italiano, también salvó a Lolita del fuego cuando su marido decidió arrojar el manuscrito a la chimenea. En el epitafio de su tumba se lee: Esposa, musa y agente.